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Guía de compra

Plata antigua: lo que vale más que el peso

Plata punzonada, orfebrería, bronce dorado, cobre y latón, de mesa y de altar.

Tankard, Cornelius Kierstede, 1700–20
Tankard Cornelius Kierstede · 1700–20
01

Dónde comprar plata y metales

8 casas
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Piezas de referencia

3 piezas
Tankard, Cornelius Kierstede, 1700–20
TankardCornelius Kierstede1700–20 · Art Institute of Chicago
Tankard, Jeremiah Dummer, c. 1705
TankardJeremiah Dummerc. 1705 · Art Institute of Chicago
Tankard, Meissen Porcelain Manufactory, c. 1708–13
TankardMeissen Porcelain Manufactoryc. 1708–13 · Art Institute of Chicago

Esta es la única familia del oficio con un suelo garantizado: por debajo de todo lo demás, una pieza de plata siempre vale el metal que lleva. Y esa seguridad, que parece una ventaja, es la razón por la que esta categoría pierde cada año más piezas buenas que ninguna otra.

Porque el suelo es también una puerta. Un salero del XVIII con su punzón de contraste y la marca de su platero vale varias veces lo que pesa; en la ventanilla de un compro-oro vale lo que pesa, y sale de allí camino del crisol. La diferencia entre esos dos números es todo lo que hay que saber antes de vender —y buena parte de lo que hay que saber antes de comprar—.

Tankard, Cornelius Kierstede, 1700–20

Jarra de plata, primer cuarto del siglo XVIII. Un cuerpo levantado a martillo desde una chapa plana, con el asa fundida aparte y soldada: cada una de esas operaciones deja marcas que una pieza estampada moderna no puede tener, y son las que sobreviven bajo la pátina.

TankardCornelius Kierstede1700–20 · Art Institute of Chicago · obra 55119 · CC0

Uno · Plata, plateado y lo que no es ninguna de las dos

Tres familias que se parecen a un metro y no se parecen en nada al tacto.

Plata de ley. Lleva punzones y envejece oscureciéndose en un negro azulado y uniforme. Pesa. Al golpearla suavemente responde con un tono largo.

Plateado. Una capa de plata sobre otro metal. Envejece al revés: se gasta primero donde se toca —cantos, asas, el borde de una bandeja, la punta de una cuchara— y por debajo asoma el cobre rojizo o el amarillo del latón. No es un fraude: hay plateado antiguo excelente, y una bandeja inglesa de plateado de fusión del XIX es una pieza legítima con su propio mercado. Lo que no puede ser es que se la vendan como plata.

Alpaca o metal blanco. Cobre, níquel y cinc. Ni un gramo de plata. Es la mayor parte de la cubertería del siglo XX y vale lo que vale como objeto de uso, que no es cero, pero no tiene suelo de metal precioso.

Los punzones españoles tienen su propia ficha, porque leerlos es un oficio en sí mismo y España nunca tuvo un sistema nacional como el británico: está todo en punzones de plata, con las tres marcas que lleva una pieza y por qué la ley castellana no era 925 sino once dineros y cuatro granos.

Dos · Por qué fundir es casi siempre el peor negocio

Vale la pena decirlo con números redondos, aunque las cotizaciones cambien.

El valor de fundición es el peso por la cotización, menos la merma y menos el margen de quien funde. Es un número pequeño y es el mismo para una pieza de 2020 que para una de 1780.

El valor de la pieza suma a eso el trabajo, el autor, la ciudad, la época, la rareza del tipo y el estado. En plata española del XVIII, en orfebrería firmada o en cualquier pieza con documentación, ese segundo número no es un diez por ciento más alto: puede ser varias veces el primero.

De ahí la única regla que de verdad importa aquí: antes de vender al peso, enséñesela a alguien que compre piezas. Cuesta una tarde y es reversible; el crisol no lo es.

Tankard, Jeremiah Dummer, c. 1705

Jarra de platero colonial, hacia 1705. Lo que multiplica el precio de una pieza como esta no es la plata que lleva: es que se sepa quién la hizo, dónde y cuándo. Fundida, todo eso vale exactamente lo mismo que una cuchara moderna del mismo peso.

TankardJeremiah Dummerc. 1705 · Art Institute of Chicago · obra 104676 · CC0

Tres · Lo que destruye valor, y casi todo es evitable

El repulido. La primera causa, con diferencia. Un pulido agresivo redondea las aristas, aplana el grabado y come los punzones —que son justo lo que da valor a la pieza—. Es irreversible. Se ha perdido más plata buena con un trapo y pasta abrasiva que con todos los robos juntos.

El monograma borrado. Adelgaza la plata en esa zona y se detecta echando el aliento sobre la superficie: aparece el fantasma del grabado antiguo. Al comprador le dice dos cosas, y las dos malas: que la pieza tiene menos metal del que aparenta y que alguien quiso ocultar su historia.

Las soldaduras modernas. Un asa resoldada con estaño se ve como una línea mate y grisácea, distinta del brillo de alrededor. Resta bastante, y en pieza de uso —jarras, salseras— es lo primero que hay que mirar.

El grabado añadido. Un escudo o unas iniciales grabados hoy sobre una pieza antigua para «darle historia» son un problema, no una mejora: se nota en el corte del buril, más limpio y más profundo que el desgastado de época.

Los golpes en el borde de una bandeja, que obligan a un trabajo de recuperación caro y casi siempre visible.

Lo que no resta: la pátina. Una plata que lleva doscientos años oscureciéndose en los recovecos y brillando donde se toca está contando su edad. Dejarla así es la decisión correcta.

Cuatro · Bronce dorado, cobre y latón

La otra mitad de la categoría, y la que menos se entiende.

El bronce dorado —guarniciones de mueble, candelabros, relojes de sobremesa, apliques— se compra por el dorado y se destruye limpiándolo. La capa de oro es finísima y cualquier limpiametales se la lleva en una pasada. Se le quita el polvo con una brocha suave y punto. En pieza anterior a mediados del XIX el dorado se hacía al mercurio y tiene un color cálido y algo desigual; un redorado moderno se delata por ser demasiado amarillo y demasiado uniforme.

El cobre y el latón de cocina y de mesa —cazos, calderos, almireces, braseros— son la entrada más barata a la categoría y de las más agradecidas. Se compran por la forma, el peso y la honestidad del uso: un fondo remachado y gastado vale más que uno impecable, porque el impecable suele ser reciente.

Cinco · La plata de altar, y una advertencia

Cáliz, copón, custodia, crismera, portapaz. Es material litúrgico y es donde esta categoría se cruza con un problema serio: buena parte de la plata de altar que circula salió de parroquias, y los bienes eclesiásticos protegidos son imprescriptibles —el tiempo no los limpia—.

No significa que no se pueda comprar plata religiosa: hay muchísima desamortizada, vendida legalmente o de origen civil. Significa que aquí la procedencia no es un extra, es la compra. Cómo se pide y por qué la buena fe no da la propiedad está en cómo saber si una antigüedad es auténtica y contado sobre un caso real en dieciséis años no blanquean una pieza robada.

Seis · Qué preguntar

  1. ¿Es plata de ley, plateado o alpaca? ¿Qué punzones tiene y qué dicen?
  2. ¿Cuánto pesa? (Y que el peso conste en la factura.)
  3. ¿Está repulida? ¿Hay monograma borrado?
  4. ¿Lleva soldaduras o reparaciones? ¿Dónde?
  5. Si es litúrgica: ¿de dónde viene, y hay papeles?

Qué se paga

El cobre y el latón de uso son la puerta barata. La cubertería de plata de ley del XX se paga poco por encima del peso, y por eso es la mejor compra para quien quiera usarla de verdad. La plata española de los siglos XVII y XVIII con contraste identificable y la orfebrería firmada son otra cosa, y ahí el metal deja de decidir el precio.

Las casas que trabajan esta familia están en el directorio de anticuarios, con provincia y especialidad declaradas — y con el pacto escrito al lado, que es lo que les pedimos a cambio de aparecer.

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Preguntas frecuentes

¿Cuánto vale mi plata al peso?
Menos de lo que le dirán que vale, y casi siempre mucho menos de lo que vale la pieza. El valor de fundición es el peso por la cotización, menos la merma y menos el margen de quien funde; el valor de la pieza incluye además el trabajo, el autor, la época y el estado. En plata española del XVIII o en pieza firmada, la diferencia entre los dos números no es de un diez por ciento: puede ser de varias veces. Antes de vender al peso, enséñesela a alguien que compre piezas, no metal.
¿Cómo sé si es plata o plateado?
Por el punzón, primero, y si no lo hay, por cómo envejece: la plata se oscurece en negro azulado y uniforme, mientras que el plateado se gasta antes en los cantos, las asas y los bordes, y por debajo asoma un metal amarillento o rojizo. Pesa distinto, además: la alpaca es notablemente más ligera. Cómo se leen las marcas españolas está en la ficha de [punzones de plata](/herramientas/punzones-de-plata/).
¿Debo limpiar la plata antes de venderla?
Una limpieza suave sí; un pulido a fondo no. El pulido agresivo redondea los filos, borra el grabado y, sobre todo, come los punzones, que son exactamente lo que da valor a la pieza. Se ha destruido más plata buena con un trapo y pasta abrasiva que con cualquier otra cosa. Si duda, no la toque: el comprador prefiere pátina a una superficie lijada.
¿Un monograma borrado baja el precio?
Sí, y bastante. Borrar unas iniciales adelgaza la plata en esa zona, y se detecta a contraluz o echando el aliento sobre la superficie: aparece un fantasma del grabado antiguo. Además es un defecto que no se puede deshacer. Un monograma de época, en cambio, resta mucho menos de lo que la gente cree, y en pieza documentada a veces suma, porque identifica a quién perteneció.
¿Y el bronce dorado?
Se compra por el dorado y se arruina limpiándolo. El bronce dorado antiguo lleva una capa finísima de oro que cualquier producto de metales se lleva por delante en una pasada, dejando el bronce desnudo debajo. Se limpia el polvo con una brocha suave y nada más. Un bronce redorado moderno se reconoce porque el oro es demasiado uniforme y demasiado amarillo.
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Glosario

Ley
Proporción de plata pura en la aleación. Hoy se expresa en milésimas —925 es plata de primera ley— y antes en dineros y granos.
Fiel contraste
Fedatario público de cada ciudad que ensayaba la pieza y certificaba su ley. Su marca es la que permite localizar y datar, más que la del autor.
Alpaca
Aleación de cobre, níquel y cinc, sin un gramo de plata. También se la llama metal blanco, y es la de la mayoría de la cubertería del XX.
Bronce dorado
Bronce recubierto de una capa de oro. En pieza anterior a mediados del XIX el dorado se hacía al mercurio, y su color es más cálido y desigual que el de un dorado eléctrico posterior.
Valor de fundición
Lo que pesa la pieza multiplicado por la cotización del metal, menos merma y margen. Es el suelo del precio, no el precio.
Repulido
Pulido agresivo que redondea aristas, borra grabados y come punzones. Es irreversible y es la primera causa de pérdida de valor de la categoría.
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Otras categorías

Todas