Esta es la categoría con más casas del directorio —doscientas y pico— y la única en la que el vendedor no está revendiendo un objeto: está representando a una persona que sigue trabajando. Casi todo lo que distingue comprar aquí de comprar una antigüedad sale de ahí.
En una tienda de antigüedades el precio depende de la pieza y el vendedor desaparece de la historia en cuanto usted paga. En una galería el precio depende de la trayectoria de un artista, el galerista responde de esa trayectoria durante años y lo que usted compra hoy afecta a lo que valdrá lo que él venda mañana. Por eso el trato es distinto, el regateo es distinto y los papeles son distintos.

Las obras que ilustran esta guía son de museo y de dominio público, y marcan el arranque de lo moderno. No podían ser otras: la obra de los artistas que hoy venden estas galerías está en derechos, y reproducirla aquí sin permiso sería exactamente lo que este sitio promete no hacer.
The Girl by the WindowEdvard Munch1893 · Art Institute of Chicago · obra 154235 · CC0
Moderno y contemporáneo no son lo mismo, y el precio lo nota
La categoría cubre dos mercados que conviven bajo el mismo techo y funcionan al revés el uno del otro.
La vanguardia histórica —lo que se hizo entre los años diez y los sesenta del siglo XX— es mercado secundario puro. El artista está muerto, la obra existe en número cerrado y el precio lo marcan las subastas. Aquí lo que decide es la documentación: procedencia, exposiciones, bibliografía y, sobre todo, si la obra está en el catálogo razonado. Una pieza fuera del catálogo no es necesariamente falsa, pero es una pieza en discusión, y eso se paga a la baja.
El artista vivo es mercado primario. No hay histórico de reventa, no hay puja: hay una lista de precios que la galería sostiene y que sube despacio a medida que el artista expone en sitios que importan. Comprar aquí no es adivinar un valor: es entrar en un proyecto.
La confusión entre los dos es la causa de la mayoría de los disgustos. A un artista vivo se le compra por la obra; a la vanguardia se le compra por el expediente.
Qué hace un galerista, y por qué cobra lo que cobra
El reparto habitual en el mercado primario ronda el cincuenta por ciento con el artista, y esa cifra escandaliza a quien la oye por primera vez. Vale la pena saber qué hay debajo: la sala y sus meses de alquiler, el montaje, el seguro, el transporte, a veces la producción de la propia obra, el catálogo, el coste de una feria —que se paga por adelantado y no se recupera si no se vende— y el trabajo de años de colocar a ese artista en colecciones que le sostengan el precio.
Lo que usted paga de más respecto a comprarle al artista en su estudio es eso. Puede parecerle mucho o poco, pero es un servicio identificable, y tiene una consecuencia práctica: una galería que solo cobra por exponer no es una galería. Si le piden al artista dinero por colgar, el modelo es un alquiler de pared y quien compra allí no tiene detrás a nadie que responda.
El precio, y por qué no se regatea como en una almoneda
En una galería el precio de un artista es público y tiene que ser el mismo en todas partes. Si en Madrid se rebaja un treinta por ciento lo que en una feria de Basilea cuesta el precio de lista, el mercado de ese artista se rompe, y el primer perjudicado es quien ya le compró.
De ahí las dos reglas del trato:
- El descuento de cortesía existe —del orden del diez por ciento, algo más para un coleccionista habitual o una institución— y pedirlo es normal.
- Una rebaja grande e inmediata es una señal de alarma, no una ganga. Dice que el precio de partida no era real.
Lo que sí se negocia sin problema es el pago aplazado, y muchas galerías lo ofrecen. Preguntarlo no tiene coste.
Y una advertencia sobre el impuesto, porque cambia el precio final y casi nadie lo explica: comprar al artista tributa al 10 % y comprar en galería, al 21 %. Está desarrollado en el IVA que paga el arte en España, con lo que eso significa —el impuesto encarece justo el canal que documenta—.
La edición: lo que de verdad se lleva a casa
Fuera de la pieza única, aquí casi todo es obra múltiple, y el número lo es todo.

En obra de edición, lo que se compra no es «un ejemplar»: es un ejemplar de un total conocido. Si el total no aparece por escrito, no se sabe qué se ha comprado.
Ia Orana Maria (Hail Mary)Paul Gauguin1891 · The Met · objeto 438821 · CC0
En escultura, las ediciones cortas —de tres a ocho— son lo normal en bronce contemporáneo, y cada ejemplar va numerado. Pregunte por las pruebas de artista: son legítimas y van fuera de la numeración, pero cuentan. Una edición de 8 con 15 pruebas es una edición de 23.
En fotografía, la edición suele ir ligada al tamaño: la misma imagen puede tener una edición de 5 en gran formato y otra de 30 en pequeño. Son obras distintas a efectos de precio, y hay que preguntar por las dos.
En obra gráfica, valen las mismas reglas de siempre, y están desarrolladas en la guía de obra gráfica: numeración, técnica y firma a lápiz en el margen.
Y en vídeo e instalación, lo que se adquiere es un ejemplar con condiciones de exhibición, un soporte y un certificado — con una cláusula que no hace falta mirar en ninguna otra parte: qué pasa cuando el formato del archivo quede obsoleto.
Los papeles
Cambia el objeto respecto a una antigüedad; cambian también los documentos.
- Factura con descripción: autor, título, año, técnica, medidas y, si es edición, el número y el total.
- Certificado firmado. Aquí sí vale mucho, al revés que en antigüedades: si lo firma el propio artista o la galería que lo representa, lo firma quien puede saberlo. Un certificado de un tercero anónimo no vale nada.
- Condiciones de conservación e instalación, cuando la obra las tiene. Es frecuente en instalación, en obra sobre papel y en cualquier material inestable.
- El derecho de participación. La ley española reconoce al autor un porcentaje sobre la reventa cuando interviene un profesional del mercado. No lo paga usted al comprar, pero conviene saber que existe el día que venda.
Si lo que compra es vanguardia histórica y no obra viva, la pregunta cambia por completo: ahí lo que hay que pedir es procedencia documentada, y con especial cuidado en el periodo de entreguerras y la posguerra europea. Cómo se lee una cadena de propiedad y por qué el tiempo no siempre la limpia está en cómo saber si una antigüedad es auténtica y, en un caso real, en dieciséis años no blanquean una pieza robada.
Qué resta valor
- La obra sin edición declarada. Si nadie dice cuántas hay, no hay escasez que valorar.
- La restauración. En arte contemporáneo es mucho más grave que en antigüedades: los materiales son a menudo industriales, inestables y no restaurables, y una intervención puede anular la obra en vez de arreglarla.
- La compra fuera del circuito. Obra conseguida «por amistad» sin factura ni certificado es obra que dentro de veinte años nadie va a poder situar.
- El montaje de mala calidad. Un enmarcado ácido o una peana mal hecha se comen en dos años una parte del precio.
Qué preguntar antes de pagar
- ¿Representa usted a este artista, o lo revende?
- ¿Cuál es el precio de lista, y es el mismo en feria?
- Si es edición: ¿de cuántos, y cuántas pruebas de artista hay?
- ¿Qué exposiciones y qué colecciones tiene detrás?
- ¿Qué pasa si quiero venderla dentro de cinco años? ¿Me ayudan?
La quinta es la que separa a un galerista de un vendedor. Una galería que trabaja de verdad a su artista tiene interés en dónde acaba cada obra, y la respuesta honesta a esa pregunta —incluida la incómoda— dice más que el resto de la conversación.
Dónde se ve todo esto junto
En una feria, que es donde se puede comparar el mismo artista en dos estands en la misma tarde. Estampa es la del suelo de precio más bajo y Swab la del emergente; las cuatro del otoño, con lo que garantiza cada una, están en cuatro ferias en nueve semanas.
Y si lo que busca es con quién hablar, el directorio de galerías está ordenado por provincia, con la comisión publicada y las reglas que les pedimos escritas en el pacto.


