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Comisión publicada · Los clientes son de la galería · Datos exportables en un clic El pacto →

Por qué hacía falta otro directorio

Directorios de galerías y anticuarios ya hay. Casi todos venden el orden en que aparecen. Este publica sus reglas para que se le puedan echar en cara.

Un directorio de galerías y anticuarios no es una idea nueva. Los hay desde antes de internet, y en internet hay unos cuantos. La pregunta razonable, la primera que haríamos nosotros, es por qué hacía falta otro.

La respuesta corta: porque casi todos venden el orden en el que aparecen las casas, y no lo dicen.

Looking Glass, Artist unknown, 1790–1810

Espejo, siglo XVIII, autor desconocido. Un espejo antiguo casi nunca lleva firma: se sabe de dónde viene por la talla, por el dorado y por el vidrio, no por un papel. El mercado tiene la misma costumbre de no dejar rastro.

Looking GlassArtist unknown1790–1810 · Art Institute of Chicago · obra 14763 · CC0

El problema no es que falte oferta

Quien quiere comprar una pieza de época en España no tiene un problema de oferta. Hay galerías excelentes y hay anticuarios que llevan cuarenta años en el oficio. El problema es otro, y aparece siempre en el mismo sitio: en el momento de fiarse.

Tres cosas que pasan y que todo el mundo en el sector conoce:

El precio no se enseña. «Consultar» es la respuesta por defecto. A veces hay motivos legítimos —una pieza en depósito, un encargo—, pero como norma general lo que consigue es que quien no está dentro del oficio no se atreva a preguntar. Un precio oculto no protege al comprador: lo aparta.

La procedencia no se documenta. Se dice «escuela de», se dice «época», se dice «atribuido», y muchas veces se dice bien. Pero rara vez se dice con qué nivel de certeza, y casi nunca por escrito. La diferencia entre de y atribuido a puede ser diez veces el precio, y es exactamente la diferencia que más se difumina.

El orden se vende. Esta es la que más daño hace, porque no se ve. Cuando un listado ordena por lo que cada casa ha pagado y no lo declara, deja de ser un criterio y pasa a ser un anuncio con aspecto de criterio. Y quien lo consulta cree estar viendo el sector cuando está viendo una parrilla publicitaria.

Dos oficios que no se parecen

Aquí conviven galerías de arte moderno y contemporáneo con anticuarios. No es una mezcla cómoda, y no la hacemos por descuido.

No venden lo mismo. No los busca la misma gente. Una sala de arte contemporáneo y un anticuario de alta época tienen clientelas, ferias y vocabularios distintos, y meterlos en el mismo cajón sería la primera señal de que quien monta el directorio no conoce el terreno. Por eso el sitio tiene dos mundos visuales distintos y se puede recorrer entero por uno solo.

Lo que sí comparten es el estándar: profesional identificado, pieza documentada, procedencia con el nivel de certeza que de verdad haya. Ese estándar es lo único que hace que una pieza de mil euros y una de cien mil se puedan tratar con la misma seriedad. Y es lo que separa a un profesional del brocante de fin de semana —que tiene todo el derecho a existir y no es esto.

Lo que hacemos distinto

Está escrito en el pacto: siete reglas, con fecha y con historial de cambios a la vista. Está ahí para poder citarlo y, sobre todo, para poder reprocharlo. Un compromiso que no se puede comprobar no es un compromiso.

Las tres que más nos importan:

El orden no se compra. Ninguna casa paga por aparecer antes. Si algún día hay una posición pagada, lo dirá en la propia posición y con esas palabras.

La ficha es del profesional, no nuestra. El titular puede corregirla, reclamarla o pedir que la retiremos. Se hace el mismo día, sin dar explicaciones y sin coste. No hay que convencer a nadie por teléfono.

Los datos salen cuando quiera. Lo que un profesional trae se lo lleva entero en un fichero estándar el día que decida irse. Un sitio que retiene porque sacar tus datos es un infierno dejó de convencerte hace tiempo.

Las fichas se hacen con datos públicos —la web de la propia casa, el directorio de su gremio— y cada una guarda la dirección de donde salió su información. Los textos están escritos por nosotros. No se copia el texto ni la fotografía de la web de nadie.

Lo que hay hoy, y lo que no

Sería fácil escribir esto como si el sitio estuviera terminado. No lo está, y decirlo forma parte del trato.

Hay hoy: 38 casas —22 galerías y 16 anticuarios— en Madrid, Barcelona, Valencia y Vizcaya. Seis categorías con su guía de compra, escritas para que alguien que no es del oficio sepa qué mirar antes de pagar. Y un repertorio de herramientas de consulta: estilos de mueble, marcas de fabricación, cómo distinguir un original de una reproducción.

No hay todavía: el resto de España, muchas categorías, y la venta. Comprar a través del sitio está previsto para 2027, y sus condiciones se publicarán en el pacto antes de cobrar el primer euro, no a la vez.

Tampoco hay nadie firmando estos textos. Los escribimos nosotros y no nos parece honesto inventar un autor: cuando escriba una persona del oficio, aparecerá su nombre.

Qué esperamos de esto

Que un comprador sepa qué preguntar antes de entrar por la puerta. Y que un profesional que trabaja bien —que documenta, que enseña el precio, que responde a una reclamación en el día— tenga un sitio donde eso se note frente a quien no lo hace.

Si es usted galerista o anticuario y quiere corregir su ficha, reclamarla o que la retiremos, hay un formulario y se resuelve el mismo día. Si falta su casa, díganoslo.

Y si encuentra algo en el sitio que contradice lo que acaba de leer, lo que queremos es saberlo. Para eso está el pacto con fecha.