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Cómo saber si un cuadro es original

Lo que puede comprobar usted mismo con luz, una lupa y diez minutos, y lo que no se sabe sin laboratorio. La diferencia entre original, copia y reproducción.

«Original» no significa lo mismo para todo el mundo, y esa es la primera trampa. Antes de preguntarse si un cuadro es original conviene saber de qué se está hablando exactamente, porque hay tres preguntas distintas escondidas en una:

  1. ¿Es pintura o es una reproducción impresa? Esto lo puede resolver usted solo, hoy, en dos minutos.
  2. ¿Es de la época que dice? Se puede acotar bastante mirando el soporte y el envejecimiento.
  3. ¿Es de la mano que dice? Esto casi nunca se resuelve sin documentación y sin un experto, y quien le diga lo contrario le está vendiendo algo.

Vamos por orden, porque el noventa por ciento de los disgustos se evitan en la primera.

Portrait of Gerard de Lairesse, Rembrandt (Rembrandt van Rijn), 1665–67

Rembrandt, hacia 1665. La pincelada cargada del último período es materia con volumen: la luz la atraviesa y proyecta sombra. Ninguna impresión reproduce eso, por buena que sea, porque una impresión es plana.

Portrait of Gerard de LairesseRembrandt (Rembrandt van Rijn)1665–67 · The Met · objeto 459082 · CC0

Uno · ¿Es pintura, o es una lámina?

Es la comprobación más fácil y la que más dinero ahorra. Una pintura es materia depositada sobre una superficie; una reproducción es tinta plana.

Mire al sesgo. Póngase de lado y busque una fuente de luz que incida casi en paralelo a la tela. La pintura auténtica revela el relieve de la pincelada: los empastes brillan y proyectan sombra propia. Una lámina es lisa como una foto, por mucho barniz que le hayan echado por encima.

Use la lupa. Diez aumentos bastan. Si ve una retícula regular de puntos —filas alineadas, a menudo en cian, magenta, amarillo y negro— es impresión offset. No hay excepción a esta regla: la retícula solo la produce una máquina.

Mire el canto del bastidor. En un óleo sobre lienzo, la pintura suele desbordar ligeramente por los bordes al montar la tela, y ahí se ve el grosor de la capa. En una lámina pegada sobre tabla o tela, el borde es limpio y el material cambia bruscamente.

Cuidado con el híbrido. Existe la reproducción impresa a la que se le añaden unas pinceladas de barniz o de pasta transparente para simular relieve. Se delata porque el relieve no coincide con el dibujo: el brillo está en sitios donde la imagen no tiene empaste.

Dos · ¿Es de la época que dice?

Aquí ya no hay certezas, pero sí indicios que se acumulan.

El soporte. Un lienzo del XVII es de lino, de trama irregular y tejido en telar manual: mire el reverso al trasluz. El algodón industrial de trama uniforme y perfectamente regular es del XIX en adelante. En tabla, un panel serrado a mano tiene marcas irregulares; uno cortado a sierra circular no es anterior a mediados del XIX.

El bastidor. Los bastidores con cuñas en las esquinas —esas cuñitas de madera para tensar— se generalizan a finales del XVIII. Un cuadro que se declara del XVI sobre un bastidor con cuñas ha sido reentelado, como mínimo; eso no es malo, pero hay que saberlo.

Los clavos. Los forjados a mano, de cabeza irregular, son anteriores a 1800 aproximadamente. Las grapas metálicas son del siglo XX.

El craquelado. Existe en cualquier pintura antigua, pero lo que importa no es que exista —se puede provocar— sino que sea coherente: más apretado en los bordes y cerca de los clavos, siguiendo la veta si es tabla, distinto en los empastes que en las zonas finas. Un craquelado uniforme por toda la superficie es sospechoso precisamente por ser demasiado ordenado.

El reverso. Es la parte que nadie falsifica con cuidado, y por eso es la más informativa: etiquetas de exposiciones, sellos de aduana, marcas de galería, números de inventario, la suciedad acumulada en los travesaños. Un reverso demasiado limpio en un cuadro de trescientos años dice tanto como uno sucio.

Portrait of a Woman, Quinten Massys, ca. 1520

Tabla flamenca de hacia 1520. En obra de este período la carnación se levanta con veladuras transparentes sobre preparación blanca; cualquier repinte moderno se detecta porque no consigue esa profundidad y queda opaco.

Portrait of a WomanQuinten Massysca. 1520 · The Met · objeto 436986 · CC0

Tres · ¿Es de quien dice ser?

Esta es la pregunta cara, y la respuesta honesta es que casi nunca se resuelve mirando el cuadro. Se resuelve con papeles: procedencia documentada, catálogo razonado, informe de un experto independiente del vendedor.

Una sola comprobación que sí puede hacer aquí y ahora: con lupa, mire si la firma se agrieta con el craquelado o si está pintada encima de las grietas. Lo segundo significa que se añadió después de que el cuadro envejeciera.

Lo demás —qué documentación pedir, qué significa exactamente cada fórmula de atribución y cómo afecta al precio— está desarrollado en la guía de compra de pintura antigua, que es donde corresponde: aquí estamos resolviendo si lo que tiene delante es pintura, no cuánto debería costar.

Lo que puede hacer en diez minutos, resumido

  • Mirar al sesgo buscando relieve de pincelada.
  • Pasar la lupa por una zona de color plano buscando retícula.
  • Ver el reverso: lienzo, bastidor, clavos, etiquetas.
  • Comprobar si la firma se agrieta con el craquelado o va por encima.
  • Con una linterna ultravioleta barata: los repintes recientes aparecen como manchas oscuras sobre la fluorescencia verdosa del barniz viejo.

Con eso descarta reproducciones, detecta intervenciones grandes y sabe si lo que tiene delante merece un informe.

Y lo que no puede hacer usted

Datar con precisión, identificar pigmentos, leer el dibujo subyacente o afirmar una autoría. Eso es laboratorio y experto, y cuesta dinero — pero cuesta mucho menos que equivocarse en una compra de cierto importe.

La regla práctica: si el precio está en el orden de lo que cuesta un informe técnico, ahórreselo y compre por gusto. Si es diez veces más, el informe es barato.

Y la pregunta que zanja la conversación con el vendedor: «¿qué pasa si un perito independiente contradice la atribución?» Un profesional serio ya tiene una respuesta preparada y suele ser razonable. La incomodidad ante esa pregunta es, en sí misma, toda la información que necesita.

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